Los seres beneficiosos de nuestro interior y cómo cuidarlos.

Crecimos pensando en nosotros mismos como un solo cuerpo. Este cuerpo estaba compuesto de un armazón de huesos, cubierto por músculos, y envuelto en un sobre de piel. Los órganos importantes se encontraban dentro: el cerebro, el corazón y el hígado, cada uno como una pequeña fábrica interna. El estómago muele la comida y la mezcla con ácido, el intestino delgado absorbe los nutrientes, las células de grasa almacen las calorías adicionales como un seguro contra los tiempos de escasez, y el cerebro nos dice qué comer o no comer.

Otros seres en nuestro interior

Una nueva investigación muestra que no somos un solo cuerpo. Somos más bien como un universo complejo que alberga miles de millones de “otros” seres que interactúan con todas nuestras “propias” células. Estos seres microscópicos son vitales para nuestra salud. Aquello que pensamos como una persona a la que llamamos “yo” en realidad contiene muchas más células pertenecientes a “otros” seres que las propias células humanas. La mayoría de estos otros seres residen en nuestros intestinos. Se les llama el microbioma humano. Hemos coevolucionado con ellos durante eones, y lo cierto es que no podríamos existir sin ellos.

También crecimos pensando en los “gérmenes” como peligrosos, y gran parte de la medicina se ha dedicado a encontrar drogas, desinfectantes y vacunas para matarlos. Ahora estamos aprendiendo que esta multitud de seres que viven en nuestro intestino desempeñan un papel vital en nuestra salud física e incluso en nuestro bienestar mental y emocional. Varios estudios muestran que hay una menor incidencia de asma y eccema en niños que comen alimentos fermentados como el chucrut, comen productos frescos comprados en las granjas, viven con gatos o perros  en las épocas temprana de la vida y comen de platos lavados a mano, y no en un lavavajillas. Tal vez podemos soltar nuestra ansiedad por la suciedad!

Los microorganismos intestinales alterados se han relacionado con una serie de trastornos, como la obesidad, diabetes, síndrome del intestino irritable, enfermedad cardíaca, esclerosis múltiple, enfermedad de Parkinson e incluso algunos cánceres. Incluso pueden afectar a nuestro estado de ánimo y la personalidad. Nuestras bacterias intestinales fabrican neurotransmisores como la serotonina, un antidepresivo natural. Un estudio reciente en seres humanos demostró que las mujeres que comieron yogur rico en bacterias beneficiosas durante un mes parecían mostrar una actividad reducida en áreas del cerebro relacionadas con la reacción a estímulos emocionales. Esto plantea una pregunta intrigante – ¿consumir bacterias beneficiosas regularmente nos ayudaría a estar más tranquilo e integrados?

Si queremos permanecer sanos, necesitamos cuidar bien de las bacterias útiles que viven en nuestro interior. Podemos hacer esto de dos maneras: consumir bacterias beneficiosas (probióticos) y luego consumir los alimentos que las mantienen saludables (prebióticos). Los microorganismos beneficiosos se encuentran en alimentos fermentados como el agua o kéfir de leche, yogur, chucrut, miso y tempeh.

Los alimentos prebióticos benefician a estas bacterias útiles

Nuestros microbios beneficiosos prosperan en la fibra vegetal. La fibra de la planta se encuentra en ¿adivina qué? Alimentos que ya sabemos que son saludables: legumbres (judías, guisantes y lentejas), plátanos, tubérculos incluyendo zanahorias, cebollas, boniatos y patatas, nueces, granos integrales como avena, salvado;  aguacates, brócoli y coliflor, apio, calabacín  o las pieles de frutas. La fibra vegetal también ayuda a disminuir el colesterol total, previene el estreñimiento, regula el azúcar en la sangre y aumenta la sensación de saciedad a la hora de comer —aumentando la plenitud del estómago y disminuyendo el tiempo que tarda el alimento en moverse a través del sistema digestivo. En otras palabras, si comes una buena cantidad de fibra te sientes lleno antes.

Parece probable que la medicina, la odontología e incluso la psiquiatría del futuro incluirá pruebas para revelar quién está viviendo dentro de ti, seguido de recetas para mezclas a medida de bacterias beneficiosas y de los alimentos específicos que alimentan a esas bacterias. Y tal vez  incluso, no para lavar minuciosamente cada pedacito de suciedad de las verduras.

¿Puedes probar un nuevo alimento fermentado esta semana? ¿Puedes intentar enviar comida a miles de millones de seres amorosos en tu intestino con amabilidad? Podrías decir algo así como, “que podáis desarrollaros con este alimento para que este cuerpo también se desarrolle.”

 Jan Chozen Bays, Estados Unidos

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